El siguiente artículo fue escrito especialmente para Diseño Público por Christian Bason, Director of MindLab, el laboratorio de innovación pública del Gobierno danés. Christian fue invitado a Chile por el Ministerio de Economía, Corfo y por el Centro de Sistemas Públicos de la Universidad de Chile. La traducción es de Diseño Público. Aquí puedes leer la versión original en Inglés.

“Por encima de todo me encontré con una amplia gama de actores con un objetivo común: ayudar a repensar y mejorar la capacidad de Chile para lograr mejores resultados sociales para sus ciudadanos y sus empresas”.

Recientemente tuve el placer de trabajar durante unos días con una variedad de actores vinculados al campo de la innovación pública en Chile. Mi visita se produjo luego del ambicioso anuncio de la Presidenta Bachelet sobre la creación de un nuevo laboratorio de innovación – o “I-Team” – para ayudar a impulsar más y mejor innovación en los servicios públicos del país.

Multiples actores, una agenda

¿Cuáles fueron mis impresiones después de tres intensos días de presentaciones, talleres y (ante todo) una gran cantidad de interesantes conversaciones? Podría mencionar un varias cosas: El impresionante desarrollo económico y social que Chile ha experimentado en las últimas décadas; la alta calidad de su administración pública, que se hacía evidente por la sofisticación de las preguntas que hacían; o podría simplemente destacar la generosidad, honestidad y apertura de toda la gente que conocí, incluyendo a mis anfitriones del Centro de Sistemas Públicos de Universidad de Chile.

Sin embargo, por encima de todo me encontré con una amplia gama de actores con un objetivo común: ayudar a repensar y mejorar la capacidad de Chile para lograr mejores resultados sociales para sus ciudadanos y sus empresas. No recuerdo haber encontrado una nación con tanta curiosidad e interés en la agenda sobre innovación en el sector público por parte de una gama tan diversa de actores: líderes políticos, tomadores de decisiones en los ministerios nacionales, representantes de organismos regionales, asociaciones y redes de trabajadores, organizaciones internacionales, universidades, y consultores y asesores. Tal interés es por supuesto una gran fortaleza. Sin embargo parece que el reto ahora podría muy bien ser la manera de enfocar todo el entusiasmo y la energía en un esfuerzo conjunto, en lugar de arriesgarse a competir por recursos escasos o gastar excesivamente mucha energía en la coordinación interna.

Co-produciendo innovación

En MindLab, el equipo de innovación que dirijo en el Gobierno danés, hemos estado explorando en los últimos años el concepto de co-producción de los servicios públicos. Aunque el término de ninguna manera es nuevo –fue acuñado en la década de 1970 por la cientista político Elinor Ostrom– está teniendo un renacimiento que acompaña a los gestores públicos en la búsqueda de un concepto significativo que permita comprender lo que se demanda de nuestros servicios públicos contemporáneos. En la interpretación de MindLab, co-producción es diseñar y organizar los servicios públicos de manera que aprovechan todos los recursos existentes transversalmente en un sistema para abordar problemas y poder crear más valor público.

Creo que un enfoque de co-producción podría ser lo que se necesita para permitir a la multiplicidad de actores que hay en torno a la agenda de innovación pública en Chile, colaborar de manera eficaz por un propósito común. Puede haber tres formas en que los actores pueden hacer esto:

En primer lugar, repensar el desafío. En este primer momento (y como es natural) la atención se centrará en la manera de organizar y estructurar el esfuerzo de innovación, sobre todo con el foco en el recientemente creado laboratorio de innovación. Mientras que por cierto este tiene que organizarse, una primera actividad del laboratorio podría aún ser redefinir el desafío; No es, ante todo, el de crear un laboratorio bien estructurado; es el de comprender profundamente cuales son las prácticas actuales que no están creando valor público de manera significativa en el contexto chileno. Se trata de generar ideas en espacios de problemáticas complejas –como en la salud, los servicios sociales y la educación–- que puedan impulsar compromisos y nuevas formas para hacer frente a los desafíos de los sistemas de servicios públicos.

En segundo lugar, invertir en capacidades. La multiplicidad de actores emergentes en el área, ofrecen la oportunidad de desarrollar habilidades y competencias conjuntas, creando nuevas relaciones y redes en todo el sistema generando confianza. Es una posibilidad para aprender de los particulares puntos de vista de los niveles nacionales, regionales y locales; para involucrar a la investigación universitaria de vanguardia; y para alinear recursos diversos e improbables en torno a una causa común.

En tercer lugar, actuar como una plataforma. Esto va especialmente para el nuevo laboratorio del gobierno central, que estará cerca del centro del poder, pero que sólo puede ser realmente eficaz si actúa como un facilitador de la acción de otros actores. En este sentido será necesario que el laboratorio practique lo que predique: co-diseñar nuevas soluciones en conjunto con los usuarios finales como los ciudadanos y las empresas, sí – pero también co-diseñar a través de una fuerte participación de otras partes interesadas, en otros niveles de gobierno, que estén dispuestos a contribuir.

A través de un enfoque de co-producción como este, creo que todos en el Gobierno de Chile van a ganar, porque van a estar aprovechando al máximo los recursos disponibles en un ambiente de recursos escasos, y se beneficiarán de la diversidad en su búsqueda de la innovación; sin embargo los principales ganadores serán los ciudadanos de Chile que experimentarán mejores servicios públicos, más rápido, debido a un esfuerzo colaborativo.

“Co-producción es diseñar y organizar los servicios públicos de manera que aprovechan todos los recursos existentes transversalmente en un sistema para abordar problemas y poder crear más valor público”.

Aprendizaje global entre pares

Si piensas que Chile sería único si se aplicara sistemáticamente un enfoque como este, tienes razón. En ninguna parte la noción de co-producción sistemática de innovación en el sector público ha sido realmente adoptada. Pero veo dos lugares en los que mis colegas chilenos podrían inspirarse, y que también podrían estar inspirados si el nuevo laboratorio de Chile decide aventurarse por este camino.

Uno de ellos es Dinamarca, donde ahora tenemos un nivel tan alto de actividad de innovación pública –incluyendo varios equipos de innovación en ámbitos locales, regionales y nacionales– que el gobierno ha establecido recientemente el COI, el Centro de Innovación Pública. Sólo para obtener una visión general, el papel del COI es escanear, evaluar y difundir las innovaciones más estimulantes transversalmente en todo el sistema, en estrecha colaboración con todos los niveles de gobierno y con actores laborales triestamentales. Otro ejemplo es el gobierno federal de Canadá, que acaba de anunciar la creación de un centro de innovación integrado al interior del Consejo Asesor para el Gabinete de Estado Federal en Canadá (Privy Council Office) para fomentar la colaboración intersectorial con los distintos departamentos de políticas públicas –muchos de los cuales están actualmente estableciendo laboratorios de innovación propios.

En este sentido, debiese haber mucha inspiración desde pares globales que están haciendo algo un poco similar. Sin embargo, a pesar de mi breve estancia en Santiago, estoy bastante seguro de que Chile volverá a ser capaz de moverse por delante del resto, y ser una inspiración para todos nosotros.